PARTE 1
—¡Tiene que irse ahora mismo!
Toda la cafetería quedó en silencio.
La anciana apretó contra su pecho una pequeña caja de cartón.
Tenía las manos temblorosas.
Y la ropa desgastada por los años.
El gerente señaló la puerta.
—Los clientes se están quejando.
Algunas personas observaron incómodas.
Nadie intervino.
Entonces la anciana abrió lentamente la caja.
Dentro había un viejo collar plateado.
Nada más.

El gerente soltó una carcajada.
—¿Y eso qué significa?
La anciana bajó la mirada.
—Prometí devolverlo.
En ese momento las puertas se abrieron.
Un alcalde muy conocido entró acompañado por varios asistentes.
Todos comenzaron a observarlo.

Pero entonces ocurrió algo extraño.
El alcalde vio el collar.
Y se quedó inmóvil.
Porque reconoció el símbolo grabado al instante.
Un símbolo que pertenecía a una persona desaparecida hacía más de veinte años.
Entonces miró a la anciana.
Y preguntó:
—¿Dónde consiguió eso?
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PARTE 2
La anciana sostuvo el collar con fuerza.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Me lo entregó mi hijo.
El alcalde sintió un escalofrío.
Porque conocía perfectamente ese nombre.
Era el nombre del hombre desaparecido.
Entonces la anciana abrió un compartimento oculto del collar.
Y sacó una fotografía diminuta.
El alcalde la observó.
Y el color desapareció de su rostro.
Porque aparecía él mismo.
Mucho más joven.
Junto al hombre desaparecido.
Entonces descubrió algo escrito detrás.
Una dirección.
Y una frase.
«Si ella llega primero… no confíes en nadie.»
En ese momento.
Un automóvil negro acababa de detenerse frente a la cafetería.
