PARTE 1
Un convoy de vehículos de lujo avanzaba por un barrio residencial.
Los vecinos observaban.
Los niños corrían por las aceras.
Entonces uno de ellos pasó frente al coche principal.
Montado en una bicicleta vieja.

El empresario que viajaba dentro sonrió.
Pero de repente su expresión cambió.
—No puede ser…
Murmuró.
Golpeó el asiento delantero.
—¡Da la vuelta!
El conductor quedó sorprendido.
—¿Está seguro?
—¡Ahora!

Los vehículos frenaron.
El convoy entero se detuvo.
El empresario salió rápidamente.
Y comenzó a caminar hacia el niño.
La gente observaba.
Nadie entendía nada.
Entonces el hombre vio algo que colgaba del manillar de la bicicleta.
Y su rostro perdió todo el color.
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PARTE 2
El niño observó al empresario acercarse.
Sin miedo.
Sin moverse.
—¿Dónde encontraste eso?
Preguntó el empresario.
El niño miró el pequeño marco metálico que colgaba de la bicicleta.
—Siempre ha sido mío.
Respondió.
El empresario tragó saliva.
Porque reconoció inmediatamente el objeto.
Entonces el niño abrió el pequeño marco.
Y sacó una fotografía doblada.
—¿Habla de esto?
Preguntó.
El empresario tomó la fotografía.
Las manos le temblaban.
Porque aparecía una imagen tomada muchos años atrás.
Una imagen que jamás debió existir.
Entonces vio algo escrito detrás.
Una firma.
Un nombre.
Y una fecha.
El empresario quedó inmóvil.
Porque acababa de comprender quién era realmente aquel niño.
FIN.
