PARTE 1
La gala benéfica estaba en su punto máximo.
Copas de cristal.
Música elegante.
Invitados millonarios.
Y una mujer de limpieza empujando discretamente un carrito entre las mesas.
Nadie la miraba.
Hasta que una copa cayó.
Se rompió.
El silencio se extendió.
Valeria Montes, una famosa empresaria, giró de inmediato.
—¿Quién hizo eso?
La mujer de limpieza se agachó para recoger los cristales.

—Lo siento, señora.
Valeria negó con la cabeza.
—Siempre arruinan todo.
Los invitados observaron incómodos.
La mujer continuó limpiando.
Sin responder.
Entonces Valeria empujó accidentalmente el carrito.
Las herramientas cayeron.
Un pequeño objeto metálico rodó por el suelo.
Clink.
Clink.
Clink.
Todos miraron.
Era una llave antigua.
Extraña.
Pesada.
Valeria la recogió.
—¿Qué es esto?
La mujer intentó recuperarla.
—Por favor… devuélvamela.
Pero Valeria ya la estaba observando.
Algo grabado en el metal llamó su atención.
Un escudo.

El mismo escudo familiar que colgaba sobre la chimenea principal de la mansión.
La sonrisa desapareció de su rostro.
—¿Dónde consiguió esta llave?
La mujer bajó la mirada.
—Era de mi madre.
Valeria sintió un escalofrío.
Porque aquella llave pertenecía a una habitación secreta que había permanecido cerrada durante treinta años.
Y solamente una persona más tenía una copia.
La hermana desaparecida de su padre.
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PART 2
