PARTE 2: EL ANCIANO DEJÓ UN RELOJ SOBRE EL MOSTRADOR… Y EL DIRECTOR PALIDECIÓ

PARTE 1

Las puertas del hotel se abrieron de golpe.

Un anciano entró caminando lentamente.

Llevaba un abrigo viejo.

Y un pequeño reloj de bolsillo en la mano.

Los huéspedes apenas levantaron la vista.

Hasta que llegó al elegante mostrador de recepción.

—Busco al señor Salazar.

Dijo con voz firme.

La recepcionista sonrió con incomodidad.

—¿Tiene cita?

—No.

Pero él sabe quién soy.

Un joven director apareció desde la oficina.

Miró al anciano de arriba abajo.

Y soltó una sonrisa burlona.

—Señor, este es un hotel privado.

El anciano no respondió.

Simplemente colocó el viejo reloj sobre el mármol.

CLACK.

El director se acercó.

—¿Eso es todo?

El anciano levantó la mirada.

—Ábralo.

El director soltó una risa.

—No tengo tiempo para juegos.

—Después de abrirlo…

Ya no tendrá tiempo para ignorarme.

El vestíbulo quedó completamente en silencio.

Porque el director reconoció un grabado en la tapa del reloj.

Y su expresión cambió de inmediato.

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PARTE 2

El director tomó lentamente el reloj.

Sus manos comenzaron a temblar.

—¿Dónde consiguió esto?

Preguntó.

El anciano respondió sin apartar la mirada.

—Lo prometí hace treinta años.

El director abrió el reloj.

Dentro encontró una fotografía diminuta.

Y una llave antigua.

La recepcionista observaba sin entender.

—¿Qué ocurre?

Susurró.

El director apenas podía hablar.

Porque aquella fotografía mostraba el día en que se inauguró el hotel.

Y junto al fundador…

Estaba el anciano.

Mucho más joven.

Entonces giró la fotografía.

Y encontró una frase escrita a mano.

«Entrégale este reloj cuando esté preparado para conocer la verdad.»

El director levantó lentamente la vista.

Y comprendió que toda su vida había comenzado con una mentira.

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