PARTE 2: TODOS PENSARON QUE BUSCABA REFUGIO… HASTA QUE EL EMPRESARIO RECONOCIÓ AL BEBÉ

PARTE 1

La lluvia golpeaba las ventanas del salón.

La orquesta seguía tocando.

Entonces los enormes portones comenzaron a sonar.

Los invitados dejaron de hablar.

Dos guardias abrieron la entrada.

Una joven apareció completamente empapada.

Sostenía un bebé dormido entre sus brazos.

Uno de los guardias levantó la mano.

—No puede entrar.

Ella negó lentamente.

—No vine por mí.

Vine por él.

Los invitados comenzaron a observar.

El empresario salió del salón.

Con evidente molestia.

—¿Quién permitió esto?

Preguntó.

La mujer levantó al bebé ligeramente.

—Solo necesito un minuto.

El empresario estaba a punto de responder.

Hasta que vio un pequeño brazalete en la muñeca del bebé.

Y su expresión cambió por completo.

Porque reconocía perfectamente aquel brazalete.

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PARTE 2

El empresario permanecía inmóvil.

Los guardias no entendían lo que ocurría.

—¿Quién le puso ese brazalete?

Preguntó.

La mujer respiró profundamente.

—Su verdadera familia.

Respondió.

Los invitados comenzaron a murmurar.

El empresario extendió lentamente la mano.

La mujer retiró al bebé un instante.

—Primero escúcheme.

Dijo.

Después quitó cuidadosamente el brazalete.

Dentro había un diminuto compartimento.

Sacó una fotografía.

Y una pequeña nota doblada.

El empresario leyó las primeras palabras.

Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos.

Porque la nota estaba escrita por alguien que había perdido hacía muchos años.

Y en ese momento comprendió por qué aquella mujer había llegado precisamente esa noche.

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