PARTE 2: EL CAMPEÓN SE BURLÓ DE LA JOVEN DESCONOCIDA… HASTA QUE EL ÁRBITRO VIO LOS IMPACTOS

PARTE 1

Las risas comenzaron incluso antes de que ella levantara el rifle.

El campeón nacional sonrió.

—Vamos, sorpréndenos.

Más carcajadas.

La joven no respondió.

Simplemente caminó hasta la línea de tiro.

Sudadera gris.

Jeans viejos.

Zapatillas gastadas.

Parecía completamente fuera de lugar.

Disparo.

Nada.

Disparo.

Nada.

Disparo.

Nada.

Cinco disparos.

Cinco aparentes fallos.

El público estalló en risas.

—¡Ni siquiera toca el blanco!

—¡Devuélvele el rifle!

El campeón cruzó los brazos.

Satisfecho.

Pero entonces el árbitro principal frunció el ceño.

Algo no encajaba.

Tomó sus binoculares.

Observó los blancos.

Luego observó las pantallas.

Y de repente se quedó inmóvil.

Su rostro perdió el color.

El campeón dejó de sonreír.

—¿Qué pasa?

El árbitro bajó lentamente los binoculares.

Y susurró:

—No falló ninguno.

Silencio absoluto.

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PARTE 2

Nadie entendía.

El público miró las pantallas.

Seguían mostrando cero.

El árbitro caminó rápidamente hacia los técnicos.

Los competidores intercambiaron miradas.

Algo estaba mal.

Muy mal.

Un técnico abrió el sistema manual de verificación.

Segundos después quedó paralizado.

Los cinco disparos estaban allí.

Exactamente en el mismo agujero.

Uno encima de otro.

Tan perfectos que los sensores electrónicos registraron un único impacto.

La multitud quedó en silencio.

El campeón sintió un nudo en el estómago.

La joven permanecía tranquila.

Como si hubiera sabido que ocurriría.

El árbitro la miró fijamente.

—¿Quién eres?

Ella sonrió por primera vez.

Y respondió:

—La hija de la mujer que ganó aquí hace veinte años.

La multitud explotó en murmullos.

Porque todos conocían aquella leyenda.

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