PARTE 1
La puerta del corral se abrió de golpe.
La multitud se puso de pie.
Un enorme toro salió corriendo.
La arena tembló.
La gente comenzó a gritar.
Entonces alguien señaló hacia el centro.
—¡Hay un niño ahí!

El pánico se extendió por las gradas.
Un pequeño niño permanecía inmóvil.
Cubierto de polvo.
Con una vieja tela roja entre las manos.
Los guardias empezaron a correr.
Pero estaban demasiado lejos.
El toro avanzaba cada vez más rápido.
—¡Sáquenlo de ahí!

Gritó una mujer.
El niño observó al animal.
Sin moverse.
Sin correr.
Entonces levantó lentamente la tela roja.
Y ocurrió algo imposible.
El toro frenó.
La multitud quedó en silencio.
Porque el animal estaba mirando directamente al niño.
Como si lo conociera.
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PARTE 2
Nadie se atrevía a respirar.
El toro permanecía inmóvil.
Frente al niño.
Los guardias ya habían llegado al borde de la arena.
Pero nadie se movía.
Entonces el niño dio un paso adelante.
La multitud comenzó a gritar nuevamente.
—¡No!
Pero el pequeño siguió avanzando.
El toro bajó lentamente la cabeza.
Y el niño colocó una mano sobre ella.
El estadio entero quedó paralizado.
Entonces un anciano se puso de pie entre el público.
Su rostro había perdido todo el color.
Porque acababa de reconocer la tela roja que el niño sostenía.
Y sabía exactamente a quién había pertenecido.
FIN.
