PARTE 1
La puerta del bar se abrió de golpe.
La lluvia entró con ella.
Todos giraron la cabeza.
Una mujer completamente empapada respiraba con dificultad.
Sus manos temblaban.
Sin mirar a nadie.
Caminó directamente hacia la mesa principal.
Donde estaba sentado el presidente del club de motociclistas.
Los clientes comenzaron a murmurar.

—¿Quién es ella?
Preguntó alguien.
El motociclista levantó lentamente la mirada.
—Este lugar está cerrado.
La mujer negó con la cabeza.
—No vine por una cerveza.
El hombre sonrió con desprecio.
—Entonces te equivocaste de puerta.
Ella dio otro paso.
—No.

Me dijeron que solo usted podía ayudarme.
El bar quedó en silencio.
El presidente golpeó la mesa.
—¿Quién te envió?
La mujer abrió lentamente su bolso.
Sacó una fotografía antigua.
Y la dejó frente a él.
CLACK.
El hombre perdió la sonrisa.
Porque reconoció inmediatamente el rostro que aparecía en la fotografía.
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PARTE 2
Nadie hablaba.
El presidente tomó la fotografía.
Sus manos comenzaron a temblar.
—¿Dónde conseguiste esto?
Preguntó.
La mujer sostuvo su mirada.
—Mi padre me dijo que la trajera.
El motociclista tragó saliva.
—¿Cómo se llamaba?
Ella respondió con un solo nombre.
El hombre retrocedió un paso.
Porque llevaba veinte años intentando encontrar a esa persona.
Entonces la mujer sacó una carta doblada.
—También me pidió darle esto.
El presidente abrió la carta.
Leyó la primera línea.
Y dejó de respirar.
Porque la carta comenzaba con cuatro palabras.
«Si ella llegó primero…»
El motociclista levantó lentamente la vista.
Y comprendió que todo lo que había creído durante veinte años era mentira.
