PARTE 1
Las puertas automáticas del concesionario se abrieron.
Todos levantaron la vista.
Un anciano con ropa vieja y desgastada acababa de entrar.
Su aspecto hizo que varios empleados se miraran entre sí.
Algunos clientes comenzaron a sonreír.
Otros simplemente observaron.

El anciano caminó lentamente hasta el mostrador principal.
—Quiero hablar con el gerente.
La recepcionista lo miró de arriba abajo.
—Señor, creo que está en el lugar equivocado.
Varias personas se rieron.
El anciano no respondió.
Simplemente apoyó ambas manos sobre el mostrador.

Entonces apareció el gerente.
—¿Cuál es el problema?
Preguntó con impaciencia.
El anciano metió la mano en el bolsillo.
Todos esperaban unas monedas.
Pero colocó unas llaves sobre el mostrador.
Y el gerente dejó de sonreír inmediatamente.
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PARTE 2
El concesionario entero quedó en silencio.
El gerente tomó las llaves.
Las observó.
Y su expresión cambió por completo.
Porque reconoció el emblema.
Aquellas llaves pertenecían a un vehículo extremadamente raro.
Uno que casi nadie había visto.
—¿Dónde consiguió esto?
Preguntó.
El anciano sonrió.
Y sacó una fotografía antigua.
La colocó junto a las llaves.
El gerente sintió que el corazón se detenía.
Porque en la fotografía aparecía el anciano.
Mucho más joven.
Junto al fundador del concesionario.
Entonces el anciano señaló una firma escrita en la parte inferior.
Y dijo:
—Creo que llegó el momento de cumplir una vieja promesa.
FIN.
