PARTE 2: EL NIÑO ENTRÓ A LA HABITACIÓN DEL HOSPITAL… HASTA QUE EL MILLONARIO RECONOCIÓ EL RELOJ

PARTE 1

Las máquinas llenaban la habitación con un sonido constante.

Un reconocido empresario permanecía inmóvil sobre la cama del hospital.

Su brazo estaba completamente vendado.

Los médicos hablaban en voz baja.

La familia esperaba en silencio.

De repente…

La puerta se abrió lentamente.

Un pequeño niño entró sujetando una vieja caja de madera.

Una enfermera corrió hacia él.

—¡Espera! No puedes entrar aquí.

El niño negó con la cabeza.

—Tengo que verlo.

Uno de los familiares levantó la voz.

—¿Quién dejó pasar a ese niño?

El empresario abrió lentamente los ojos.

Miró al pequeño.

—¿Quién eres…?

Preguntó con dificultad.

El niño respiró profundamente.

—Mi abuelo dijo que si algún día usted despertaba…

…tenía que entregarle esto.

Toda la habitación quedó en silencio.

El niño abrió lentamente la caja.

Dentro había un antiguo reloj de bolsillo.

El empresario perdió completamente la expresión.

Porque reconoció aquel reloj inmediatamente.

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PARTE 2

El empresario intentó incorporarse.

Sus manos comenzaron a temblar.

—¿Dónde encontraste ese reloj?

El niño respondió.

—Nunca estuvo perdido.

Mi abuelo lo guardó toda su vida.

La hija del empresario preguntó confundida.

—Papá…

¿Lo conoces?

El hombre no respondió.

Seguía mirando el reloj.

El niño sacó una fotografía antigua.

—También dijo que usted reconocería esta foto.

El empresario tomó la imagen.

Las lágrimas comenzaron a caer.

—Pensé que nunca volvería a verla…

El niño entregó un sobre sellado.

—Mi abuelo dijo…

…que solo debía abrirlo si usted reconocía el reloj sin preguntar de quién era.

El empresario rompió lentamente el sello.

Leyó la primera frase.

Y comprendió que el pequeño niño no había llegado para despedirse.

Había llegado para cumplir la última promesa de un amigo al que creyó perder hacía décadas.

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