PARTE 2: EL MILLONARIO SE BURLÓ DEL CHICO DEL TALLER… HASTA QUE ÉL RECONOCIÓ EL SONIDO

PARTE 1

—Apaga eso. Me está haciendo perder el tiempo.

El empresario golpeó el capó del superdeportivo.

Más de veinte mecánicos observaban alrededor.

El coche valía millones.

Y llevaba ocho meses sin arrancar.

Expertos de tres países habían intentado repararlo.

Todos fracasaron.

Entonces apareció un chico.

Dieciséis años.

Ropa manchada de grasa.

Trabajaba limpiando el taller.

Nada más.

El empresario soltó una carcajada.

—¿Ahora también contratamos adivinos?

Los empleados rieron.

El chico no respondió.

Se acercó al coche.

Cerró los ojos.

Y escuchó.

Cinco segundos.

Diez segundos.

Silencio.

Luego sonrió.

—El problema no está en el motor.

Las risas se hicieron más fuertes.

—Claro que sí —dijo el jefe de ingenieros—. Llevamos meses revisándolo.

El chico negó con la cabeza.

—Entonces llevan meses buscando en el lugar equivocado.

El empresario cruzó los brazos.

—¿Y dónde está el problema?

El chico señaló el asiento del conductor.

—Ahí.

La sonrisa del empresario desapareció.

Porque nadie había revisado esa parte.

Ni una sola vez.

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PARTE 2

Todos se acercaron.

El chico retiró una pequeña cubierta bajo el asiento.

Dentro había un módulo oculto.

Viejo.

Polvoriento.

Olvidado.

El jefe de ingenieros palideció.

—Eso no aparece en los planos.

El chico sonrió.

—Porque no lo instalaron en fábrica.

Silencio.

El empresario sintió un escalofrío.

—¿Cómo lo sabes?

El chico sacó una pequeña pieza metálica.

—Porque mi abuelo lo diseñó.

Todos quedaron inmóviles.

El chico observó el coche.

Luego añadió:

—Y dejó una nota dentro para quien supiera escuchar el sonido.

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