PARTE 2: TODOS MIRABAN AL NIÑO LAVANDO EL VESTIDO… HASTA QUE LA DUEÑA DE LA MANSIÓN SALIÓ CORRIENDO

PARTE 1

Las enormes puertas de la mansión se abrieron.

Una mujer elegante salió apresuradamente.

Había escuchado voces en el jardín.

Al acercarse, se quedó inmóvil.

Dos niños estaban junto a un viejo recipiente de metal lleno de agua.

Un pequeño frotaba cuidadosamente un vestido blanco.

A su lado, una niña sostenía unas muletas.

Los jardineros comenzaron a acercarse.

—¿Quiénes son esos niños?

Preguntó uno.

La mujer observó el vestido.

Era antiguo.

Muy antiguo.

El niño levantó la vista.

—¿Esta casa pertenece a la señora Emilia?

La mujer respondió lentamente.

—Sí… soy yo.

El niño sonrió con timidez.

—Entonces mi abuela tenía razón.

La mujer sintió un escalofrío.

—¿Qué dijo tu abuela?

El niño sacó un pequeño sobre impermeable.

—Que solo usted reconocería este vestido.

La mujer perdió completamente la sonrisa.

Porque aquel vestido había desaparecido hacía más de treinta años.

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PARTE 2

Todo el jardín quedó en silencio.

La mujer tomó cuidadosamente el vestido.

Sus manos comenzaron a temblar.

—¿Dónde lo encontraron?

Preguntó.

La niña respondió.

—Mi abuela lo guardó toda su vida.

El niño abrió el sobre.

Dentro había una fotografía antigua.

La mujer apenas pudo respirar.

En la fotografía aparecía ella.

Mucho más joven.

Abrazando a otra niña.

La misma que llevaba aquel vestido.

Después apareció una carta doblada.

La mujer leyó las primeras palabras.

Y las lágrimas comenzaron a caer.

Porque comprendió que los dos pequeños no habían llegado por casualidad.

Habían cumplido la última promesa de alguien que ella jamás pudo olvidar.

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