PARTE 1
La puerta del gimnasio se abrió de golpe.
Los entrenamientos se detuvieron.
Una mujer entró cargando una vieja mochila.
El lugar estaba lleno de peleadores.
Campeones.
Entrenadores.
Atletas profesionales.
Un luchador enorme comenzó a reír.
—¿Te perdiste?
Algunos sonrieron.
Otros sacaron sus teléfonos.
La mujer no respondió.

Siguió caminando.
Directamente hacia el centro del tatami.
El campeón del gimnasio la observó.
Molesto.
—Este lugar no es para turistas.
La mujer abrió lentamente la mochila.
Y sacó un pequeño colgante plateado.
El campeón se congeló.
Porque reconoció el colgante al instante.
Había pertenecido a su hermano.
Un peleador desaparecido hacía quince años.
La mujer lo sostuvo frente a él.
Y dijo:
—Mi padre me pidió que te lo entregara.
El gimnasio quedó en silencio.
Porque aquel hombre oficialmente estaba muerto.
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PARTE 2
El campeón tomó el colgante.
Sus manos temblaban.
Lo abrió lentamente.
Dentro había una fotografía.
La mujer observó su reacción.
Porque el campeón acababa de reconocer a la persona de la imagen.
Era su hermano.
Pero la fotografía parecía reciente.
No de hacía quince años.
Entonces encontró una nota doblada.
La abrió.
Y leyó una sola frase:
«Si mi hija llega primero… significa que todavía estoy vivo.»
El campeón sintió que las piernas le fallaban.
Entonces alguien golpeó la puerta del gimnasio.
Y todos giraron la cabeza.
