PARTE 1
La música sonaba a todo volumen.
Las motocicletas llenaban el estacionamiento.
Dentro del bar.
Las risas no paraban.
Entonces la puerta se abrió violentamente.
Una mujer entró corriendo.

Respirando con dificultad.
Un motociclista soltó una carcajada.
—¿Buscas el baño?
Las risas aumentaron.
Pero ella no respondió.
Caminó directamente hacia el vicepresidente del club.
Él levantó una ceja.
—Cinco segundos para hablar.

Después te vas.
La mujer dio un paso más.
—Solo necesito que mire esto.
—No tengo tiempo para juegos.
Ella abrió lentamente el cuello de su chaqueta.
Un pequeño colgante plateado quedó a la vista.
El vicepresidente dejó de sonreír.
Porque conocía perfectamente aquel colgante.
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PARTE 2
Todo el bar quedó en silencio.
El vicepresidente se acercó lentamente.
—¿Quién te dio ese colgante?
La mujer respondió sin apartar la mirada.
—Mi madre.
El hombre negó con la cabeza.
—Eso es imposible.
Ella sostuvo el colgante.
Y presionó un pequeño mecanismo oculto.
El medallón se abrió.
Dentro apareció una fotografía doblada.
El motociclista la tomó.
Sus manos comenzaron a temblar.
Porque aparecía él.
Mucho más joven.
Junto a una mujer que llevaba décadas buscando.
Entonces encontró una nota detrás de la fotografía.
Solo decía:
«Si ella llegó hasta ti… ya es demasiado tarde.»
El vicepresidente levantó lentamente la mirada.
Y por primera vez en muchos años…
No encontró ninguna respuesta.
