PARTE 1
Un hombre golpeó su copa para llamar la atención.
Todos los invitados giraron la cabeza.
En medio del salón de gala, una niña con un vestido azul intentaba ponerse de pie junto a su silla de ruedas.
Algunas personas observaban con lástima.
Otras con incomodidad.
Entonces una mujer elegante susurró demasiado fuerte:
—Pobrecita… nunca podrá bailar como los demás.
Varios invitados asintieron.
La niña escuchó cada palabra.
Pero no respondió.
Un joven de traje negro caminó hacia ella.
Le ofreció la mano.

—¿Me permites este baile?
Algunos invitados soltaron una risa incómoda.
Creían que era una broma.
La niña tomó aire.
Luego se levantó.
Lentamente.
Las piernas metálicas brillaron bajo las luces del salón.
El público quedó en silencio.

La música comenzó.
Y la niña dio el primer paso.
Luego otro.
Y otro.
Las lágrimas aparecieron en muchos rostros.
Pero entonces un anciano se puso de pie de golpe.
Su copa cayó al suelo.
Porque acababa de reconocer algo grabado en una de las prótesis.
Un nombre.
El nombre de alguien que llevaba diez años desaparecido.
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PARTE 2
El anciano caminó temblando hacia la pista.
—¿Dónde conseguiste esas prótesis?
La música se detuvo.
La niña lo miró confundida.
—Me las dejó mi papá.
El hombre quedó paralizado.
Porque él mismo había fabricado esas prótesis para su hijo.
Un hijo desaparecido años atrás.
Con manos temblorosas señaló una pequeña inscripción oculta.
La niña bajó la vista.
Y leyó por primera vez el mensaje grabado.
«Si algún día encuentras esto… busca al hombre de la fotografía.»
La niña abrió el compartimento oculto de una de las prótesis.
Dentro había una fotografía antigua.
Y el hombre que aparecía abrazando a su padre estaba sentado esa misma noche entre los invitados.
