PARTE 1
Todo era perfecto.
Las flores.
La música.
Las sonrisas.
La novia avanzaba lentamente hacia el altar.
Aquella debía ser la mejor tarde de su vida.
Entonces las puertas se abrieron.
Una niña entró sola.
Tenía el vestido arrugado.
Las mejillas cubiertas de polvo.

Y abrazaba un viejo conejo de peluche.
El salón entero quedó en silencio.
La pequeña observó a la novia.
Y sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Mamá?
El corazón de la novia se detuvo.
Los invitados comenzaron a murmurar.
El novio quedó inmóvil.
La niña dio otro paso.

—Mamá… por fin te encontré.
La novia negó con la cabeza.
—Te estás equivocando…
Pero entonces vio algo.
Colgando del cuello de la niña.
Un pequeño medallón plateado.
La novia perdió el color del rostro.
Porque reconoció aquel medallón.
Lo había visto antes.
Muchos años atrás.
En una fotografía que desapareció misteriosamente después de la muerte de su hermana.
Y justo cuando la niña abrió el medallón…
La novia comprendió que aquella boda acababa de convertirse en algo mucho más importante.
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PARTE 2
Dentro del medallón había una fotografía antigua.
La novia comenzó a temblar.
Porque la mujer que aparecía en la imagen era idéntica a ella.
Pero no era ella.
Era su hermana gemela.
La hermana que todos creían fallecida hacía años.
La niña comenzó a llorar.
—Mi mamá me dijo que te buscara.
El salón entero quedó paralizado.
El novio observaba sin entender.
Entonces apareció una anciana desde la entrada.
Llevaba una carpeta llena de documentos.
Y una verdad que había permanecido oculta durante años.
La hermana de la novia no había muerto.
Había desaparecido.
Y aquella niña era su hija.
La última persona capaz de demostrarlo.
Aquella tarde nadie recordó el banquete.
Ni el vestido.
Ni la ceremonia.
Porque la boda terminó reuniendo a una familia que llevaba años rota.
