PARTE 2: LA ANCIANA ENTRÓ AL BAR DE MOTEROS CON UNA FOTO DE 30 AÑOS… Y UN HOMBRE EMPEZÓ A TEMBLAR

PARTE 1

La puerta del bar golpeó la pared.

La música se cortó de golpe.

Todas las miradas se dirigieron hacia la entrada.

Una anciana estaba allí.

Sola.

Empapada por la lluvia.

Sujetando una fotografía antigua contra el pecho.

El motociclista más grande del lugar soltó una carcajada.

—Abuela, este no es un museo.

Las risas llenaron el bar.

Pero la mujer no reaccionó.

Ni siquiera pestañeó.

Avanzó lentamente entre las mesas.

El sonido de sus botas era lo único que se escuchaba.

Tac.

Hasta que llegó al centro del local.

Entonces colocó la fotografía sobre la barra.

—Busco al hombre que aparece aquí.

El motociclista calvo tomó la foto.

Su sonrisa desapareció.

Porque la imagen mostraba a cinco fundadores originales del club.

Tomada treinta años atrás.

Y había algo extraño.

Uno de los rostros había sido arrancado.

Como si alguien hubiera querido borrar a esa persona para siempre.

El bar quedó en silencio.

Entonces una voz surgió desde el fondo.

Grave.

Amenazante.

—¿Quién te dio esa foto?

Todos reconocieron la voz.

Era Víctor.

El único miembro vivo de la generación fundadora.

La anciana lo miró fijamente.

Y respondió:

—El hombre que ustedes enterraron.

El vaso de Víctor cayó al suelo.

Pero lo peor llegó después.

La anciana abrió su bolso.

Y sacó una placa metálica oxidada.

Con un número de identificación grabado.

El mismo número que había desaparecido del ataúd de aquel hombre.

PARTE 2 EN LOS COMENTARIOS 👇👇👇

PARTE 2

Nadie habló.

Nadie respiró.

Víctor avanzó lentamente.

Sus manos temblaban.

—Eso no puede existir…

La anciana dejó la placa sobre la barra.

—Entonces explícame por qué la encontré hace dos semanas.

Los motociclistas observaban en silencio.

La mujer sacó otra cosa.

Un sobre amarillento.

Sellado.

Nunca abierto.

En la parte frontal había un nombre.

Víctor.

El hombre palideció.

Reconoció la letra.

La reconocería en cualquier lugar.

Era de su mejor amigo.

El mismo hombre cuya muerte había convertido en leyenda.

La anciana abrió el sobre.

Sacó una carta.

Y comenzó a leer.

—»Si alguien encuentra esta carta, significa que finalmente descubrieron quién me traicionó.»

El bar explotó en murmullos.

Víctor cerró los ojos.

Como si ya conociera el final.

Pero entonces la anciana leyó la siguiente línea.

Y todos quedaron congelados.

—»El hombre que me entregó… todavía se sienta en este bar.»

Todos giraron la cabeza al mismo tiempo.

Hacia la mesa principal.

Donde el actual presidente del club acababa de ponerse de pie.

Mundo de Historias