PARTE 1
Los neumáticos chirriaron sobre el asfalto.
El auto de lujo se detuvo a pocos metros de una joven sentada en medio de la carretera.
Los conductores comenzaron a tocar las bocinas.
La lluvia caía con fuerza.
El hombre salió furioso del vehículo.
—¿Estás loca?
La joven no respondió.
Solo abrazaba una vieja chaqueta negra.
Empapada.
Desgastada.

El hombre estaba a punto de llamar a la policía.
Entonces vio algo.
Un símbolo dorado bordado en la espalda.
Un ave con las alas abiertas.
Su rostro cambió de inmediato.
Tomó la chaqueta con manos temblorosas.
Porque conocía ese símbolo.
Muy bien.

Solo existían tres chaquetas como esa.
Y una pertenecía a alguien que había desaparecido quince años atrás.
La joven levantó lentamente la vista.
Y dijo:
—Mi madre me pidió que se la entregara.
El hombre sintió que el mundo se detenía.
Porque la mujer de la que hablaba llevaba quince años oficialmente muerta.
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PARTE 2
El hombre observó la chaqueta.
No podía respirar.
La joven abrió un bolsillo oculto.
Y sacó una fotografía antigua.
El hombre la tomó.
Sus manos temblaban.
La imagen mostraba a tres personas.
Él.
La mujer desaparecida.
Y un tercer hombre cuyo rostro había sido arrancado de la fotografía.
Entonces la joven señaló el reverso.
Había una dirección escrita.
Y una frase.
«Si ella te encuentra primero, no vayas solo.»
El hombre levantó la vista.
Pero la joven ya no estaba.
Y al otro lado de la carretera…
Un automóvil negro acababa de detenerse.
