PARTE 1
La advertencia resonó violentamente por toda la estación submarina segundos antes de que las alarmas de presión comenzaran a gritar.
Luces azules de emergencia inundaron el corredor de acero.
Los científicos tropezaron hacia atrás.
Tazas de café se estrellaron contra el piso.
Y a ochenta kilómetros bajo el océano Atlántico—
algo enorme se movió dentro de la cámara.
La estación submarina tembló violentamente.
El metal crujió bajo la aplastante presión oceánica.
Dentro del Laboratorio C—
un tanque negro de contención permanecía conectado a docenas de cables y tubos de oxígeno.
Vidrio congelado cubría toda su superficie.
Nadie dentro de la estación entendía completamente lo que habían encontrado.
Solo sabían dónde.
Tres millas bajo el fondo del océano.
Enterrado dentro de roca volcánica más antigua que la propia civilización humana.
Durante once días—
el objeto dentro de la cámara jamás se movió.
Jamás reaccionó.
Hasta ahora.
El director de la estación irrumpió inmediatamente dentro del laboratorio.
— “¡Estado!”
Una científica aterrorizada señaló el vidrio.
— “Su ritmo cardíaco comenzó.”
Silencio.
Entonces otro violento impacto sacudió la estación.
BOOM.
Tuberías de agua explotaron instantáneamente sobre ellos.
Vapor inundó violentamente el laboratorio.
Los investigadores más jóvenes entraron en pánico inmediatamente.
Uno retrocedió hacia la salida.
— “¡Abran los elevadores de escape!”
Pero nadie se movió.
Porque dentro de la cámara congelada—
algo abrió lentamente los ojos.
No humano.
No animal.
Peor.
Inteligente.

Las luces de la estación parpadearon violentamente otra vez.
Y luego murieron.
La oscuridad se tragó el laboratorio.
Solo la cámara seguía brillando débilmente en azul bajo el agua cayendo desde el techo.
Un científico susurró:
— “Dios mío…”
La criatura se movió lentamente hacia el vidrio.
Observándolos.
Estudiándolos.
Y de repente—
todos los monitores de la estación se activaron al mismo tiempo.
Símbolos antiguos inundaron automáticamente las pantallas.
Ningún idioma conocido.
Ningún alfabeto conocido.
Entonces—
a través de los altavoces de la estación—
una voz resonó.
Fría.
Mecánica.
Imposible.
VOZ:
— “NO DEBIERON DESPERTARME.”
Todo el laboratorio quedó congelado de horror.
Porque la voz…
estaba hablando perfectamente en español.
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PARTE 2
El pánico explotó por toda la estación submarina.
Los científicos gritaban a través de los corredores inundados mientras las sirenas de emergencia retumbaban bajo el aplastante océano sobre ellos.
La criatura brillante permanecía inmóvil dentro de la cámara.
Observando.
Aprendiendo.
El director de la estación lentamente se acercó más al vidrio pese a los gritos detrás de él.
DIRECTOR:
— “¿Qué eres?”
La criatura inclinó ligeramente la cabeza.
Casi curiosa.
Entonces todos los monitores cambiaron nuevamente.
Esta vez—
mostrando la Tierra desde el espacio.
Ciudades.
Redes eléctricas.
Satélites militares.
Uno por uno—
las imágenes comenzaron a apagarse.
Negro.
Negro.
Negro.
Los investigadores aterrorizados observaban las pantallas sin poder creerlo.
INVESTIGADOR:
— “Está dentro de nuestros sistemas…”
La criatura apoyó lentamente una mano sobre el vidrio.
Y las luces de la estación regresaron instantáneamente.
Ya no parpadeaban.
Ahora estaban controladas.
Como si la cosa dentro de la cámara fuera dueña de toda la electricidad.
VOZ:
— “SU CIVILIZACIÓN ES RUIDOSA.”
El silencio aplastó el laboratorio.
La respiración del director se volvió irregular.
Porque de repente—
comprendió la verdad imposible.
La cosa atrapada dentro de la cámara no era un animal.
Ni siquiera era biológica.
Era una máquina.
Antigua.
Inteligente.
Todavía viva después de miles de años bajo el fondo oceánico.
Y de alguna manera—
acababa de conectarse al mundo moderno.
